Vocación de servicio y proyecto de vida

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VI COHORTE PROGRAMA DE FORMACIÓN JÓVENES CIUDADANOS.
ASIGNACIÓN MÓDULO I
PARTICIPANTE: LUISMAR NARANJO CI. 29554215

«Si la vida es movimiento, por qué creemos que la vocación es una sola, cuándo la vocación final es al amor»
La vida, en su esencia misma, se presenta como un constante y dinámico flujo de experiencias y momentos cambiantes. A lo largo de nuestro viaje por este mundo, nos vemos envueltos en un proceso continuo de crecimiento, en el que nuestros intereses y prioridades se transforman y reconfiguran. Creer en la posibilidad de un cambio constante en nuestros pensamientos y perspectivas es fundamental para nuestro desarrollo personal. En esta corriente ininterrumpida de aprendizaje y evolución, surge la pregunta sobre la idea convencional de una única vocación para cada individuo, como si existiera un destino único preestablecido, como una línea predefinida que debe seguir de manera exclusiva. Cada uno de nosotros tiene la capacidad y la libertad de explorar una variedad de caminos, de abrazar múltiples pasiones y de abordar la vida desde perspectivas diversas. A medida que crecemos y absorbemos la sabiduría de nuestras experiencias, nos damos cuenta de que la noción de una trayectoria única y exclusiva puede limitarnos en un mundo lleno de posibilidades en constante cambio. En última instancia, abrazar nuestra capacidad de evolucionar y abrazar nuevos enfoques enriquece nuestro viaje y nos permite ser auténticos en nuestra búsqueda de significado y realización personal.
En medio de esta reflexión surge una perspectiva más profunda y trascendental: que la vocación suprema de todo ser humano es traducida en el amor.
Desde que nacemos, estamos inmersos en un proceso de desarrollo y cambio, explorando el mundo y a nosotros mismos a través de experiencias únicas, siendo la existencia un viaje de transformación constante.
Si consideramos la vocación como la inclinación natural que una persona tiene a realizar determinadas acciones en su vida social, tal como un llamado interno hacia una actividad que nos llena de satisfacción y significado, entonces es lógico pensar que este llamado puede manifestarse en múltiples formas a lo largo de nuestra vida. Tal vez, por etapas, y de acuerdo a otros factores personales. Así, como la vida es una travesía diversa y cambiante, de movimiento, nuestras vocaciones también pueden ser variadas y evolucionar con el tiempo. Tal como “respuesta”, (existen múltiples llamados de vocación) a los cuales atendemos.
Según Ojer (1976), la vocación es «una inclinación creciente hacia la profesión, la que tiene como base un interés vital del sujeto, sea intelectual, ético, social, etc., así como la conciencia de su posibilidad de satisfacer dicho interés». La vocación, no necesariamente se limita a una única área o carrera, pues involucra una amplia gama de intereses y pasiones; con cosas sencillas del día a día, las personas pueden encontrar su vocación en una profesión, en la música, en la religión, el activismo, etc. Todos estos tipos reflejan lo diverso que puede ser el ser humano y lo subjetivo de este tema.
No obstante, mientras exploramos las distintas vocaciones que pueden surgir a lo largo de nuestra vida, es crucial reconocer que todas estas rutas pueden llevarnos hacia un denominador común: el amor. Tal como lo indica el postulado de este ensayo, el amor, en su forma más pura y profunda, es motivación, como una fuerza que impulsa nuestras acciones más nobles y nos conecta con otros seres humanos
en niveles significativos. Sin embargo, el amor puede ser para algo también. El amor se traduce en dedicación y entrega total hacia aquello a lo que nos sentimos llamados. Así, todas las vocaciones pueden estar impregnadas de amor en diferentes grados, y al amor ser motivación, todas las cosas que construimos en la cotidianidad son impulsadas por el amor hacia ese fin. El científico que trabaja incansablemente para descubrir soluciones a problemas globales está motivado por el amor hacia la humanidad y el deseo de aliviar el sufrimiento. El artista que crea belleza y expresión está compartiendo su amor por la creatividad y la estética. El estudiante que consume libros y se enfoca en su área está motivado por el amor al aprendizaje y a su objeto de estudio en específico. El profesor que construye sus clases se encuentra motivado por el amor a la enseñanza y al futuro.
Es importante comprender que, si bien nuestras vocaciones pueden ser diversas y cambiantes, el viaje hacia la vocación final de amar lo que hacemos es un proceso continuo. Es decir, todas nos llevan a un mismo camino, amar lo que hacemos y recopilar esa motivación para mantenernos haciéndolo. Aquí es donde puedo coincidir con la premisa inicial, al transformar toda esa vocación en amor, esta misma termina siendo una sola, y refleja el motor a desarrollar todo lo demás.
Este amor resulta ser, además, compromiso. Quienes tienen una verdadera vocación están dispuestos a hacer sacrificios y esfuerzos para desarrollarla y alcanzar sus metas. Están dispuestos a invertir tiempo, energía y recursos para crecer y mejorar en su área de especialización.
A medida que experimentamos diferentes vocaciones a lo largo de la vida, es posible que descubramos que nuestras acciones y decisiones están unidas por un hilo invisible de amor que atraviesa todas nuestras experiencias. En última instancia, la vocación última es la capacidad de amar incondicionalmente, la habilidad de conectarnos con los demás y la oportunidad de dejar un impacto positivo en el
mundo y en la sociedad a través de lo que hacemos, claramente, impulsados por el amor.
Desarrollar una única vocación puede ser limitativo, sin embargo, si abrazamos la noción de que nuestras vocaciones pueden ser diversas y evolucionar con nosotros, extendemos el horizonte. Reconocer que todas nuestras vocaciones pueden estar teñidas de amor y unificarse en él, nos permite abrazar las oportunidades que se presentan en cada etapa de la vida.
En resumen, la vida es un flujo constante de actividad y movimiento, y nuestras vocaciones son un reflejo de esa dinámica. A medida que exploramos diferentes caminos y pasiones a lo largo de nuestra vida, es crucial recordar que la vocación última es hacia el amor. Todas nuestras acciones pueden ser guiadas por el amor en sus diversas manifestaciones, como, por ejemplo, la vocación al servicio.
Separar la idea de una única vocación nos permite abordar y conectar con todos nuestros intereses, que, en una última instancia, convergerán en una vocación última que está dada por el amor a lo que queremos hacer, que, motivado así, genera propósito, conexión y crecimiento.
FUENTES RECURRIDAS
Jiménez, L. H. (29 de Mayo de 2016). Scielo. Obtenido de http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2223-30322016000100004#:~:text=Seg%C3%BAn%20Ojer%20(1976%3A143),posibilidad%20de%20satisfacer%20dicho%20inter%C3%A9s%22
Mesa, A. (2023). Vocación de Servicio y Proyecto de Vida. Obtenido de https://drive.google.com/file/d/1R9ga7ZnVlvm9oAIshmi2d1lACGdCNZPl/view
Ramos, G. (Marzo de 2014). Enciclopedia. Obtenido de https://enciclopedia.net/vocacion/

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