Participación ciudadana en Venezuela: Un análisis histórico por el Dr. Jorge Bracho

Justificación 

Las líneas que siguen se ajustan a la idea de ciudadanía en Venezuela. Así, resulta necesario hacer referencia a su desenvolvimiento histórico en esta comarca. Por tanto, esta reflexión la iniciaré con una referencia muy breve acerca de los orígenes de la ciudadanía en la esfera occidental desde tiempos de la Antigüedad. De igual manera, es imprescindible tener presente que desde el siglo XVI se fundó el mundo moderno. Mundo caracterizado por intercambios de valores, ideas, ideologías y representaciones enmarcadas en la mundialización cultural. De ahí que una idea o concepto, como el de ciudadanía, tuviera alcance a escala planetaria. 

Luego expondré lo que históricamente ha significado en la historia de Venezuela, desde los inicios republicanos, el concepto de ciudadanía y sus implicancias. Me detendré en lo que ella ha significado durante el siglo XIX y el XX, momento durante los cuales su contenido conceptual e histórico se extendió a otras esferas de lo social. 

Un origen occidental 

Para hablar de ciudadanía y lo que ella ha implicado desde remotos tiempos de la historia occidental, resulta necesario considerar su significado en tiempos de la Grecia y Roma Antiguas. En tiempos de la Antigüedad en Grecia y Roma, la condición de ciudadanía y la libertad estaban estrechamente relacionadas. En general, se consideraba ciudadanos a aquellos hombres libres nacidos en la ciudad-Estado o en el Imperio Romano. Sin embargo, existían diferencias entre ambos sistemas. 

En la antigua Grecia, la ciudadanía se garantizaba a aquellos hombres libres que cumplían con ciertos requisitos, como tener padres ciudadanos, no tener deudas con el Estado y cumplir con obligaciones militares y políticas. Las mujeres, esclavos y extranjeros no tenían derecho a la ciudadanía y, en consecuencia, no eran considerados libres en el sentido pleno.

En el Imperio Romano, la ciudadanía se extendió gradualmente a todos los habitantes libres del Imperio, independientemente de su lugar de nacimiento. Esto significaba que los extranjeros que vivían dentro del territorio romano podían convertirse en ciudadanos romanos si cumplían con ciertos requisitos, como servir en el ejército romano o pagar impuestos. Sin embargo, los esclavos seguían siendo considerados una posesión de otro y no tenían derechos políticos ni civiles. 

Por otra parte, en la Edad Media, la sociedad estaba organizada de acuerdo con un sistema feudal en el que cada persona tenía un papel y unas responsabilidades claras dentro de la jerarquía social. Los derechos individuales no tenían el mismo peso que en la actualidad, y primaba el cumplimiento de los deberes y obligaciones hacia las autoridades superiores, como los señores feudales o la iglesia. Además, en un contexto en el que predominaba la inestabilidad política, social y económica, era fundamental mantener el orden y la cohesión social a través del cumplimiento de las obligaciones y lealtades establecidas. 

Igualmente, la concepción de los derechos individuales como los entendemos en la actualidad estaba menos desarrollada en la Edad Media. La sociedad medieval estaba más centrada en el colectivismo y en el bien común, por lo que los derechos individuales eran considerados secundarios en comparación con las obligaciones hacia la comunidad. Además, la mayoría de los derechos que conocemos hoy en día, como la libertad de expresión o la igualdad ante la ley, no eran reconocidos ni protegidos en la sociedad medieval. 

Ciudadanía y era moderna 

Se sabe que una de las garantías de los derechos ciudadanos se presentó por medio de las Constituciones o Ley General. Gracias a estudios recientes se puede constatar que la idea de ciudadano estuvo relacionada con el jefe de la unidad familiar o unidad doméstica1. Uno de los puntos de coincidencia se relacionó con la capacidad intrínseca de los propietarios quienes, en su calidad de poseedores, no eran dependientes de otros actores sociales. 

Se trató de una definición de la ciudadanía como una capacidad de acciones autónomas. Se denominó ciudadano activo a quienes demostraran ser jefe de familia, es decir un individuo con capacidad de sostener una célula familiar y poder pagar una contribución social. Bajo esta concepción fueron excluidos todos aquellos considerados, moral, legal o económicamente dependientes de otra voluntad2

Se debe agregar que fue esta una disposición universal que estuvo sujeta a la mundialización cultural cuyos orígenes se ubican en el siglo XVI. También es posible observar que luego de la época del Renacimiento se extendió, en el interior de algunas mentalidades, la idea según la cual existía una Ley Natural, antecedente de toda Ley Positiva, que garantizaba el derecho a la posesión de bienes. Todo análisis que intente una aproximación histórica al concepto de ciudadanía debe tener presente la posesión de bienes como una de sus bases fundamentales. 

No obstante, la historia, la filología, la semiótica, muestran que los conceptos y las palabras se van colmando de nuevos contenidos. Éstos resultan de intereses en pugna entre los actores sociales. En la actualidad, por ejemplo, ciudadano no tiene las implicancias que he señalado. En los tiempos de la modernidad los mismos derechos ganados por las personas se convirtieron en una forma de propiedad, al pasar a ser uno de los fundamentos de la vida social en la era moderna. 

Ciudadanía en tiempos republicanos 

En el interior de la esfera occidental la ley y el constitucionalismo marcaron pautas de diferenciación respecto a la noción de ciudadanía3. El tiempo constitucional moderno, desplegado en el 1800, muestra la tesitura desigual del sistema económico social que se fue perfilando bajo el influjo del liberalismo económico. Un estudioso de esta temática argumentó que “… de entrada se trata de una minoría que presenta constantes, como la de género o sexo, y también variantes, como la de exclusión o inclusión de sectores sociales en la ciudadanía constitucional…”4 

Durante el siglo XIX, en momentos cuando se libraban las batallas a favor de las Independencias en la América española, aún predominaba la tesis según la cual la soberanía radicaba en el cuerpo de la nación. En estos espacios territoriales uno de los componentes a partir del cual se extendió la noción de ciudadanía germinó con la propia de avecindado. Así, el ciudadano se representó a la luz del autosostenimiento. Del derecho a ser reconocido como ciudadano fueron excluidos los deudores, mujeres, vagabundos, enfermos mentales y monjes, por ser o representar legal, moral o económicamente una dependencia hacia otra persona. 

Gracias a la idea de voluntad comenzó un discernimiento distinto con el uso de la denominación individuo y la libertad de opinar, pensar, movilizarse y tener propiedades. A la libertad propia del homo faber, la de producir gracias a su voluntad y de disfrutar el producto de su trabajo sin injerencia externa, se juntaron estas acciones revestidas con la noción de libertad. Con ello se alimentó, gracias al liberalismo político, los derechos ciudadanos. 

De igual manera, ya había un convencimiento acerca del ámbito de acción de las esferas reconocidas: el Estado, el mercado y la sociedad civil. Esta última combinada con la idea de pueblo, otra ficción moderna, se pensó como el ideal donde los derechos de ciudadanía se extenderían. El siglo XIX venezolano estuvo signado por los conflictos orientados a extender derechos ciudadanos. La Guerra Federal o Guerra Larga (1859-1863) de la que surgió la constitución de 1864 donde se reconocieron derechos como el respeto a la propiedad y al hogar doméstico, así como la libertad de pensamiento, reunión y la asociación pública y privada, son clara demostración de la amplitud de derechos anhelada entre las personas. 

Es necesario agregar que entre los años de 1830 y 1848, los considerados conservadores o godos desarrollaron fórmulas políticas para la edificación de un estado de derecho en combinación con un sistema de producción capitalista. Sin embargo, luego de 1848 se abrogaron leyes que propendían a este propósito y fueron aprobados códigos que amparaban privilegios tradicionales alrededor de los militares y el clero, además de convertir al Estado en el centro de la vida social5

Es razonable expresar que varios de los conflictos que se desarrollaron durante el 1800 venezolano, tuvieron como motivación principal impedimentos para el despliegue de la ciudadanía. Muchos de estos problemas encontraron solución luego del año 1945. Quizá, el acto de mayor significación fue la aprobación del Estatuto Electoral Venezolano con el que se estableció el sufragio universal y directo. También se aprobó que el voto podía ser ejercido por las personas mayores de 18 años, sin distinción de sexo6

Ya desde la democracia de partidos, presente entre 1958 y 1998, la idea de ciudadanía se fue ensanchando. Se sumaron otros aspectos que se combinaron con el cambio de significado de la palabra pueblo. Concepto con el cual se justificó el reconocimiento de nuevos derechos de quienes integraban la sociedad venezolana. A los derechos consagrados históricamente se sumaron los correspondientes a la educación, una vivienda digna, atención hospitalaria y el derecho al trabajo, entre las de mayor significación. 

Referencias

1 Véase: Bartolomé Clavero. (2007). El orden de los poderes. Historias constituyentes de la trinidad constitucional. Madrid: Editorial Trotta.

2 Véase: Jaime Ureña Cervera. (2007). Bolívar republicano. Fundamentos ideológicos e históricos de su pensamiento político. Bogotá, D.C.: Ediciones Aurora.

3 “El constitucionalismo es concebido como el conjunto de doctrinas que aproximadamente a partir de la mitad del siglo XVII se han dedicado a recuperar en el horizonte de la constitución… el aspecto del límite y la garantía…” En: Maurizio Fioravanti. (2007). Constitución. De la Antigüedad a nuestros días. Madrid: Editorial Trotta. P. 85. 

4 Bartolomé Clavero. Ídem. P. 159.

5 Véase: Elías Pino Iturrieta. (2006). Fueros, civilización y ciudadanía. Estudios sobre el siglo XIX en Venezuela. Caracas: UCAB.6 Véase: Manuel Caballero. (2011). Historia de los venezolanos en el siglo XX. Caracas: Editorial Alfa.

Este es un artículo escrito para complementar una de las ponencias de una edición de nuestro proyecto Hablan los jóvenes, las opiniones expresadas en él corresponden en su totalidad al autor que autorizó su divulgación.

Scroll to Top