Campañas, ¿una especie de guerra? Por Msc. Fabiana Santamaría 

Tratadistas como Sun Tzu, Julio Cesar, Nicolas Maquiavelo, Ignacio de Loyola, Napoleón Bonaparte, Vladimir Lenin, Mao Tse Tung o Antonio Gramsci, nos mostraron a lo largo de  los siglos diferentes estrategias y tácticas para imponerse en el campo de batalla, tanto militar  como político. Dichas estrategias hoy día se utilizan en el desarrollo de las campañas, las  batallas se dan en la mente y el corazón de aquellos en quienes deseamos incidir, el territorio  a conquistar es la percepción, los ejércitos son los simpatizantes y activistas que depositan  su confianza en el proyecto y las armas son el mensaje y los medios de los cuales disponemos  para propagarlo.

Una diferencia que debemos mencionar, es en qué sentido se basa la victoria,  en el caso de la guerra se consigue al derrotar al enemigo y en las campañas el éxito se logra  cuando logramos persuadir a una mayoría, esto nos lleva al primer precepto que debemos  tener claro, difícilmente una campaña comienza con una participación multitudinaria, por lo  general, la idea inicial surge de un grupo de personas afectas con un interés común y una  visión compartida de cómo abordarlo, ahora bien, el mundo está lleno de ideas que murieron  antes de nacer, y aquí es donde la terquedad de la juventud juega un papel fundamental, esa  innata necesidad de abrir aquellas puertas que muchos se dedican a cerrar.

Esta generación de jóvenes es particular en comparación a otras, la dinámica venezolana los ha empujado a  trabajar en simultáneo con el estudio, a asumir cargas familiares y sociales que no les  corresponden y a aprender a ser adultos sin dejar de disfrutar el placer de ser jóvenes, por  ello, quienes a pesar de esto deciden hacer activismo, no están dispuestos a enterrar sus ideas  ni sus sueños y ese empeño en verlos materializados debe ser un ejemplo para las  generaciones que venimos detrás. 

Dicho esto, es importante entonces que definamos algunos pasos básicos, en primer lugar, es  necesario realizar una investigación sobre el tema que deseamos abordar, ¿existen campañas previas al respecto? ¿Quién las ha impulsado? ¿Cuál ha sido su impacto?, necesitamos definir también a que publico deseamos llegar y contar con elementos claves como credibilidad,  solidez en el planteamiento y un mensaje capaz de conectar.  

Una vez claro lo antes planteado, entremos en una estructura más formal de diseño de  campaña, esa idea que ha surgido es un problema que bien queremos visibilizar, sensibilizar  al respecto, movilizar en función de él o definitivamente encontrarle una solución, definido  esto y la población específica, necesitamos identificar algunas causas y posteriormente  realizar un mapeo de los recursos con los que contamos, entonces, si podemos crear nuestra  campaña, construir el mensaje, diseñar el plan de acción y comenzar a ejecutarlo, una vez en  esa etapa, el éxito empezara a percibirse cuando veamos que más organizaciones o actores  se suman, ya que esto significa que hemos logrado motivarlos y allí es donde comenzamos a  hablar de activismo ciudadano, ese impulso de movilizarse y querer generar un cambio asumiendo los sacrificios que puede acarrear, se termina transformando en un incremento en  la participación y sobre todo realza el potencial de quienes se involucran y de la causa en sí misma.  

¿Es fácil generar un movimiento en una sociedad sumida en la sobrevivencia que va  perdiendo diariamente la fe? Por supuesto que no, y justamente eso lo vuelve aún más valioso  y necesario, en el mundo hay dos tipos de personas, quienes hacen y quienes observan a otros  hacer, los jóvenes venezolanos se han convertido en hacedores, de sueños, de esperanzas, de  ideas renovadoras, si hay un sector que en el país mantiene la credibilidad son los jóvenes, porque en medio de su inexperiencia han entendido que la dinámica política en Venezuela es  como un partido de fútbol, todos somos necesarios en la cancha, cada quien debe asumir su  posición y lo más relevante no es quien meta el gol, porque la victoria final no será de uno,  será del equipo, ¡ojalá quienes estamos en puestos de poder y toma de decisión, también lo  entendamos! Reflexionemos entonces, ¿son las campañas de incidencia una especie de guerra?, si, una  guerra contra la polarización, la apatía, la desinformación y contra quienes temen ver surgir  una idea que no se les ocurrió primero. Por ello, la invitación a la juventud es a defender sus  posiciones, a elevar su voz, a fomentar el debate y la pluralidad de pensamientos, a no ser  espectadores sino protagonistas, pero, sobre todo, a jamás dejar de soñar, porque mientras  nos quede un solo sueño por el cual luchar, ¡absolutamente nada está perdido!

Este es un artículo escrito para complementar una de las ponencias de una edición de nuestro proyecto Hablan los jóvenes, las opiniones expresadas en él corresponden en su totalidad al autor que autorizó su divulgación.

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